Hoy entendí que nada de lo que sembramos es en vano.
Una conversación con mi esposo me recordó que, a veces, la mejor manera de inspirar a alguien es seguir creciendo nosotros mismos.
Hoy fui al gimnasio con mi esposo y, entre una conversación y otra, vivimos uno de esos momentos que había soñado durante mucho tiempo como pareja.
Quizás para muchas personas lo que voy a contarte sea algo muy sencillo, pero para mí fue uno de los regalos más bonitos que he recibido.
Y fue precisamente esa conversación la que me hizo regresar a este espacio.
¡Hace más de un año que no escribía en mi blog!
Un lugar que en algún momento me ayudó a fortalecer una habilidad que amo y que quiero seguir entrenando: escribir para conectar, compartir lo que aprendo y, ojalá, llegar a millones de personas que encuentren en mis palabras una razón para transformar su realidad.
Porque sí, todos tenemos alguna realidad que nos gustaría cambiar.
Esa que a veces nos incomoda, nos frustra o nos hace despertar preguntándonos si realmente estamos donde queremos estar.
Y es curioso cómo, cuando nos sentimos así, empezamos a buscar respuestas por todas partes.
En un curso, un libro, una fiesta, una salida, una conversación, un viaje... Y no es que esté mal disfrutar de todo eso. ¡Por supuesto que no!
Pero a veces estamos tan ocupados buscando afuera que nos olvidamos de mirar hacia adentro.
Nos dispersamos, perdemos claridad y dejamos de disfrutar lo único que realmente tenemos: este preciso instante.
Qué fácil es decir: «Yo quiero lograr esto».
Y qué difícil puede ser levantarnos todos los días y actuar en coherencia con eso que tanto deseamos.
Te cuento por qué empecé hablando de mi esposo.
Durante más de cinco años he dedicado muchísimo tiempo a mi crecimiento personal. He leído libros, tomado cursos, asistido a entrenamientos, escuchado podcasts y buscado herramientas que me ayuden a convertirme en esa mujer que quiero ser.
Porque tengo sueños enormes.
Sueño con construir mi propia academia online, acompañar a miles de empresarios alrededor del mundo, viajar a diferentes países compartiendo mis conferencias, escribir muchos libros y seguir construyendo una empresa que tenga un impacto positivo en la vida de las personas.
Y aunque he avanzado muchísimo, también tengo esos días en los que siento que todavía me falta.
Que debería hacer más.
Que quizás debería empezar otro proyecto.
Que necesito aprender algo nuevo antes de dar el siguiente paso.
¿Te ha pasado?
A veces estamos tan enfocados en lo que nos falta que olvidamos reconocer todo lo que ya hemos construido.
Y hoy la vida me recordó algo maravilloso.
Mi esposo empezó a contarme lo mucho que estaba aprendiendo escuchando un podcast de Brian Tracy, uno de los autores y mentores de mentalidad, hábitos y desarrollo personal que tanto admiro.
¡Y yo no podía creerlo!
Durante años le he compartido libros, podcasts, reflexiones y todo aquello que voy descubriendo.
Porque así soy yo. Cuando algo me apasiona, quiero aprender más, investigar más y compartirlo con todo el mundo.
Y él siempre me ha visto.
Me ha visto estudiar, levantarme con nuevos proyectos, escuchar mis audios, emocionarme con mis descubrimientos y trabajar en mis sueños.
Pero hoy me contó que llevaba más de quince días escuchando ese podcast que tantas veces le había recomendado.
Y no era simplemente que lo estuviera escuchando.
Era escucharlo hablarme con entusiasmo de lo que estaba aprendiendo, de cómo estaba cambiando su manera de pensar y de las cosas que quería empezar a aplicar en su vida.
¡No sabes lo que sentí!
Porque entendí que durante todo este tiempo había estado sembrando.
Sin obligarlo.
Sin exigirle que pensara como yo.
Sin esperar que hiciera las cosas a mi manera.
Simplemente siendo yo, aprendiendo, creciendo y compartiendo lo que amo.
Y hoy confirmé una frase que seguramente has escuchado:
«Cuando el alumno está listo, el maestro llega».
A veces queremos que las personas que amamos cambien, que entiendan lo que nosotros ya entendimos, que se animen a empezar, que crean en ellas mismas.
Pero cada persona tiene su momento.
Y no siempre necesitamos convencer a nadie.
A veces basta con vivir nuestro propio proceso.
Con ser ejemplo.
Con seguir sembrando, aunque todavía no veamos los frutos.
Por eso hoy quiero decirte algo.
No pares. No dejes de creer en ti.
Aunque sientas que nadie te escucha.
Aunque publiques un video y pocas personas lo vean.
Aunque escribas un blog y no sepas quién está al otro lado de la pantalla.
Aunque estés construyendo un negocio y los resultados todavía no sean los que esperas.
Sigue.
Aprende algo nuevo cada día. Dedícate tiempo. Cuida tus pensamientos, tus hábitos y las decisiones que tomas.
No tienes que transformar toda tu vida de un día para otro. Empieza por mejorar un poquito cada día.
Porque tu crecimiento no solamente te transforma a ti.
También puede inspirar a las personas que caminan a tu lado.
Y quizás nunca te enteres de cuántas personas encontraron una respuesta, una esperanza o el valor para empezar gracias a algo que compartiste.
A veces creemos que para hacer algo importante necesitamos ganar millones de dólares, tener miles de seguidores o alcanzar grandes reconocimientos.
Pero hoy, una conversación con mi esposo me recordó que el impacto también vive en las cosas pequeñas.
En una palabra.
En una conversación.
En un podcast compartido.
En un video.
En un artículo como este.
Y eso, para mí, no tiene precio.
Hoy regreso a escribir con más ganas que nunca. No porque tenga todas las respuestas, sino porque sigo aprendiendo y tengo muchísimas experiencias que quiero compartir contigo.
Porque yo también he tenido miedo, he procrastinado, he dudado de mis capacidades y he querido quedarme en mi zona de confort.
Pero cada versión de mí, incluso aquellas que hoy ya no existen, me ayudó a construir la mujer que soy.
Y sé que todavía me esperan muchas versiones más.
No esperes a convertirte en la persona que sueñas ser para empezar a vivir como ella. Empieza hoy, con lo que tienes y desde donde estás.
Y si algo quiero que te lleves de esta lectura es esto:
Nunca subestimes lo que estás sembrando en silencio. Puede que hoy no veas los frutos, pero eso no significa que no estén creciendo.
Gracias por regresar conmigo a este espacio.
Me encantaría que compartieras este blog con alguien que necesite recordar que vale la pena seguir adelante.
Yo, por mi parte, prometo seguir escribiendo, aprendiendo y compartiendo desde el corazón.
Porque apenas estamos comenzando.
Con cariño,
Besos, Aleja. ❤️





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